Historia y pan (I)

El pan en el Imperio Romano

Pannus es como se denominaba en latín, en la época de la Antigua Roma a la masa blanca.

En la Roma Antigua existían hornos públicos en que los ciudadanos podían cocer su pan, y era fuente de energía diaria de los legionarios romanos, que el comían frecuentemente acompañado de aceitunas.

Para evitar que el producto se estropeara los soldados se les entregaba una parte de trigo al día, que trituraban en un molinillo de mano y horneado así su propio pan. De la harina se hacía el bucellatum (con una forma similar a la de la actual bagel de NY) y se metía en el horno para hacer pan. Este pan lo acompañaban de sal, queso y hierbas aromáticas, consiguiendo un resultado cercano al actual Focaccia.

Con el Imperio romano se mejoraron los molinos y por tanto los procesos de molienda. Estos avances han quedado patentes en la actualidad  y encontramos por ejemplo el «horno romano» que es cómo se llama al horno de calentamiento directo.

Durante siglos estuvo prohibido el pan en los ofrecimientos de sacrificio de la religión romana, debido a la creencia de que su fermentación impurificaba este alimento.

Curiosamente el pan elaborado con cebada era considerado alimento de esclavos y de sacrificios religiosos. Los mismos cristianos lo incorporaron posteriormente en la celebración de la Eucaristía hasta nuestros días.

Los colores del pan eran importantes entonces: comer pan blanco era considerado todo un signo de prestigio y estatus social elevado; el pan negro, en cambio, elaborado con centeno, era considerado un alimento para la gente más humilde.

Muchas tradiciones han ido cambiando y evolucionando hasta nuestros días, pero es enriquecedor saber algunas curiosidades de este alimento que forma parte de nuestra dieta diaria desde hace siglos.