Historia y pan (II)

El origen del Roscón de Reyes

Los expertos, maestros confiteros, sitúan el Nacimiento del roscón miles de años antes del Nacimiento de Cristo. Por entonces, los romanos celebraban una fiesta de origen pagano conocida como los «saturnales», en la que conmemoraban el Nacimiento del sol.

Los romanos la celebraban consumiendo alimentos dulces y licores durante una semana y se extendía hasta el 25 de diciembre.

Uno de los dulces que elaboraba era una especie de torta redonda que se entregaba a la gente de clase inferior, como esclavos y plebeyos. Este «dulce» tenía una composición muy diferente a la de los actuales roscones: estaban hechos a partir de calabaza, miel, higos y dátiles.

Lo que no ha cambiado es la costumbre de introducir dentro de la masa objetos con significado: en los saturnales nació la costumbre de la haba, como signo de buena suerte para quien la encontraba, que entonces era nombrado Rey de la fiesta y “gobernaba” durante uno o varios días.

Fue pues un poco más tarde que el roscón se convirtió en el postre oficial de la festividad de los Reyes Magos, el día 6 de enero, cambiando su receta hasta nuestros días, con una masa dulce (hecha con harina de fuerza, importante por el alto contenido en gluten para soportar bien los largos amasados y levados), rellenas de nata, crema o mazapán y adornado con rodajas de fruta confitada de colores variados.

Finalmente, como que los pequeños de la casa tienen mucho que decir, llegaron las figuritas de cerámica y la haba, que pasó a ser considerada casi como un signo de mala suerte en vez de prosperidad como lo fue en su momento.